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Política · 10 mar 2025

La ilusión de los comunes: una crítica a Laval y Dardot

© Fernando Vergara B

En el panorama intelectual contemporáneo, Christian Laval y Pierre Dardot han ganado notoriedad por su análisis del neoliberalismo como "racionalidad gubernamental" y su propuesta alternativa basada en el principio de "lo común". Sin embargo, tras el sofisticado aparato teórico y el lenguaje renovado, encontramos una propuesta que elude la cuestión fundamental de cualquier proyecto verdaderamente emancipador: la organización política de la clase oprimida.

El eclecticismo teórico como evasión política

El trabajo de Laval y Dardot representa un ejemplo paradigmático del eclecticismo posmoderno que caracteriza a cierta izquierda académica actual. Su combinación de Foucault, Marx, antropología económica y teoría crítica produce un diagnóstico aparentemente sofisticado, pero que desemboca en propuestas políticas difusas e imprecisas como "instituciones alternativas basadas en el principio del común".

Las formulaciones abstractas de este tipo evitan cuidadosamente abordar la cuestión central: la necesidad de un partido político sólido y claramente orientado que organice a la clase oprimida para una confrontación directa contra el poder establecido. Lo que presentan como innovación teórica termina siendo, en la práctica, una renuncia a la política revolucionaria real.

La distorsión de las experiencias históricas

Resulta significativa la forma en que Laval y Dardot interpretan experiencias revolucionarias históricas como la Comuna de París. Mientras estos autores se centran en sus innovaciones institucionales y formas de autogobierno, olvidan deliberadamente que su verdadera importancia histórica radica en sus métodos de lucha contra el poder de clase.

La Comuna no es relevante principalmente por sus experimentos en gobernanza -que, con toda su enorme importancia, pasaron a la historia tras su derrota- sino por representar el primer intento del proletariado de tomar el poder y destruir el aparato estatal burgués. Esta lección esencial, que Marx analizó magistralmente en "La guerra civil en Francia" y que Lenin posteriormente desarrolló en "El Estado y la Revolución", queda diluida en la narrativa de los "comunes".

Lenin nos recuerda: Marx explica la verdadera significación de la Comuna en una carta a Kugelmann con fecha del 12 de abril de 1871:

"Si miras el último capítulo de mi 18 Brumario, verás que yo declaro que el próximo intento de la Revolución francesa será no solamente el de transferir la maquinaria burocrática y militar de unas manos a otras como ha pasado hasta ahora sino romperla (zerbrechen); y ésta es la condición previa para cualquier auténtica revolución popular (...) Esto es exactamente lo que implica el intento de nuestros heroicos compañeros franceses".

La negación de la lucha política real

La propuesta de federar "comunes" como alternativa tanto al estado como al mercado soslaya una realidad fundamental: la clase dominante no cederá su poder sin una lucha feroz y desigual. La historia demuestra repetidamente que, frente al poder organizado de las clases dominantes, los movimientos sociales fragmentados y desprovistos de una dirección política clara están condenados a la derrota.

Esta verdad incómoda es precisamente lo que el análisis de Laval y Dardot evita enfrentar. Su énfasis en la "coactividad" y la "co-obligación" puede sonar atractivo en seminarios académicos, pero resulta completamente insuficiente cuando se trata de confrontar el poder real de los monopolios, las instituciones financieras y los aparatos estatales represivos.

La necesidad del partido revolucionario

Contrariamente a esta visión difusa, la experiencia histórica demuestra que la organización de la clase oprimida requiere un partido político sólido y claro, que por supuesto no será perfecto ni infalible, preparado para liderar una lucha dura y desigual contra el poder establecido.

Este partido debe:

Sin esta herramienta organizativa, todas las innovaciones institucionales, por ingeniosas que sean, terminarán siendo experimentos efímeros que no alterarán sustancialmente las relaciones de poder existentes.

Conclusión: más allá del academicismo posmoderno

La crítica a Laval y Dardot no pretende negar el valor de su análisis del neoliberalismo como racionalidad gubernamental, ni descartar la importancia de experimentar con formas alternativas de organización social. Sin embargo, es necesario señalar los límites políticos de su propuesta.

En un momento histórico caracterizado por una profunda crisis del capitalismo y el resurgimiento de movimientos autoritarios, necesitamos menos abstracciones posmodernas sobre "lo común" y más claridad sobre la organización política concreta de las fuerzas que pueden transformar realmente la sociedad.

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